Este blog tendría que
haber echado a andar hace algún tiempo. El mismo que hace que
comenzó mi andadura chilena. Pero nace hoy. Por fin. Estos meses me
han servido para observar, conocer e intentar integrarme en esta
cultura tan similar a la nuestra, y tan distinta a la vez. También
para acumular unas pocas vivencias que iré desarrollando en los
próximos artículos.
De mi afición por la
escritura, mezclada con lo mucho que, creo, tengo para contar, nace
este modesto proyecto. Ojalá sea del interés de aquellos que, de
repente, se ven inmersos en otra cultura, en otro país que no es el
suyo (desgraciadamente para España, esta situación es cada vez más
habitual).
La vida me trajo a este
rinconcito escondido en el norte de Chile. No sé muy bien por qué,
ni por cuanto tiempo. Lo que sí tengo claro es que mi estancia aquí
ha de ser productiva. Una experiencia que hay que aprovechar. Y
cuando la nostalgia me invade, poner los cinco sentidos en sacarle
todo el jugo a la situación, que lo tiene y mucho. Aquí estoy
aprendiendo grandes lecciones provenientes de los maestros más
sencillos, ésos que a veces son los que más tienen que enseñar,
aunque ni ellos ni nosotros nos hayamos dado cuenta.
Un poco de historia hasta
llegar donde estoy. Una ajetreada pero cómoda vida en Murcia, que
transcurre entre clases en la universidad, cursos de idiomas y un
adorado trabajo de muchos años en el para mí apasionante sector del
Turismo. Los días de descanso, repartidos entre familia y amigos. De
repente, una oportunidad laboral para mi futuro marido en el Desierto
de Atacama, a 12.000 kms de casa. Tras duros meses de separación (él
tuvo que marcharse de inmediato), la boda. Una excedencia por mi parte y, próxima parada, Chile. En la otra punta del mundo. Disfrutando de
lo que podría considerarse "un año sabático". Sin
billete de vuelta a corto plazo. Extrañando todo lo mío, y a la vez
abriendo los ojos como platos ante esta oportunidad que la vida (o
Dios, como creo yo) me ofrece.
Chile es un país de
grandes contrastes: lluvioso y verde en el sur; seco y árido en el
norte. Con la impresionante cordillera de Los Andes siempre como
testigo. Dicen de Atacama que es el desierto más seco del mundo.
Paradójicamente, nuestra casa está frente a una playa paradisíaca
de arena blanca y aguas turquesas. Y, a nuestra espalda, el vasto
desierto. Jamás pensé que desierto y playa pudieran encontrarse a
tan pocos metros uno de otro.
Bahía Inglesa es un
pequeño núcleo de cabañas, la mayoría de madera, en torno a la
playa. El pueblo más cercano, Caldera, se encuentra a 5 kms. Se vive
bien aquí, aunque no es fácil para una española adaptarse a este
nivel de desarrollo, mucho menor que el de nuestro país. Es como
viajar en el tiempo 40 años atrás. Los mismos años que
quizás habría que retroceder en España para redescubrir el gusto
por las pequeñas cosas, por lo sencillo.
P.D. Gracias, Cynthia,
por ayudarme a arrancar. Sé que has pensado un poquito en mí a la
hora de abrir en tu blog un apartado de colaboraciones y, por tanto,
qué mejor sitio para estrenarme con mis artículos. Y gracias,
Julio, porque me has estado animando con este proyecto desde el
primer día que iniciamos nuestra andadura juntos aquí en Atacama.